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domingo, 15 de enero de 2012

NOVECENTISMO Y VANGUARDISMO

El término Novecentismo (o Generación del 14) agrupa a una serie de escritores nacidos a finales del siglo XIX, que suceden a los autores del grupo del 98, y alcanzan su plenitud literaria en la segunda década del siglo XX. Se incluyen entre otros a los ensayistas Ortega y Gasset, Eugenio D´Ors, Gregorio Marañón, y a los novelistas Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala. Todos ellos comparten con el 98 esa inquietud por el problema de España, aunque rechazan la visión dramática y subjetiva de sus predecesores, adoptando una postura más equilibrada e intelectual. Se caracterizan por el racionalismo -análisis objetivo de la realidad-, antirromanticismo -expresión intelectualizada de las emociones-, defensa del arte puro -mero placer estético; deshumanización-, aristocratismo intelectual -dirigido a la minoría-, y el estilo cuidado.

La novela novecentista rompe con la estética del siglo anterior mediante el desarrollo escueto de la acción y la incorporación de reflexiones de tipo ensayístico. Pretendieron una novela “deshumanizada”, es decir, alejada del sentimiento y de la reproducción de la realidad. También se aprecia un interés por la innovación en las estructuras o en el estilo.

Lo más característico de la producción de Ramón Pérez de Ayala es su "novela intelectual": se adelgaza la acción porque lo importante son las reflexiones sobre los temas más diversos: filosofía, política, estética, moral... La novela se acerca así al ensayo. Predomina el componente reflexivo, la ironía constante y la cuidadosa construcción. Su obra más importante es Belarmino y Apolonio (1921).

En las novelas de Gabriel Miró, la acción deja de ser el elemento fundamental y pasa a ser soporte para espléndidas descripciones que destacan por un marcado lirismo y una gran capacidad para transmitir sensaciones. Sus dos obras maestras son Nuestro Padre San Daniel (1921) y El obispo leproso (1926); ambas retratan el ambiente sórdido y opresivo de Oleza, lugar imaginario que simboliza a Orihuela.

En poesía, hacia 1914, se da por terminado el Modernismo y se buscan nuevos cauces expresivos. La nueva poesía busca la depuración expresiva a través de la eliminación de los elementos ornamentales y superficiales, un lenguaje más sencillo y personal. Algunos poetas acentúan el componente intelectual refrenando el sentimental, como J. Moreno Villa.

El esfuerzo más importante de renovación es el de Juan Ramón Jiménez. Representa al poeta "encastillado en su torre de marfil", entregado a la persecución exigente e inacabable de belleza y la perfección formal. Se trata de una poesía minoritaria, de dificultad y selección crecientes. Pueden distinguirse tres etapas en su obra: en la etapa sensitiva (intimista, modernista y simbolista) podemos señalar La soledad sonora; en la época intelectual (poesía pura, elimina lo anecdótico para dejar paso al concepto y la emoción) destaca Diario de un poeta recién casado; representativa de la etapa final o suficiente, que se desarrolla ya en el exilio, con un lenguaje depurado y hermético, es La estación total (anhelo de posesión "total" de la belleza, de la realidad y del propio ser).

M. Duchamp. Dadaísmo.
El Novecentismo convive en el tiempo con los movimientos de Vanguardia que se desarrollan en Europa en el período de entreguerras. Se trata de movimientos artísticos declarada­mente combativos y provocativos, con frecuencia icono­clastas, que buscaban una renovación estética muy aleja­da del arte del pasado. Todos estos movimientos presentan las siguientes características generales:

1. Oposición a la lógica y a la racionalidad; exalta­ción de la imaginación creadora sin ninguna traba ni presupuesto.

2. Experimentación continua en busca de la origina­lidad, cuanto más llamativa y desconcertante, mejor.

3.”El arte por el arte”, como juego divertido, alejado de la realidad y de toda anécdota personal y sentimental -deshumanización-.

Con todos estos ingredientes se puede comprender también fácilmente su carácter elitista, de arte minorita­rio, y la rapidez con que estas vanguardias aparecían y desaparecían, en la mayoría de los casos sin pena ni glo­ria. Los principales movimientos europeos de vanguar­dia fueron el Futurismo, el Cubismo, el Dadaísmo y, especialmente, el Surrealismo.


Ramón Gómez de la Serna

En España entraron muy tempranamente los ismos europeos. Hay que mencionar, en primer lugar, al escri­tor Ramón Gómez de la Serna como «avanzado» de las vanguardias y activo participante en todos los movimientos renovadores; “Ramón”, personaje extravagante y excéntrico, escribió una nutrida obra literaria: ensayos, biografías, obras de teatro, novelas,... Tal vez lo más característico de su producción son las greguerías, imágenes lírico-humorísticas que, de modo ingenioso establecen relaciones insólitas entre dos objetos o conceptos. Pero lo más interesante de su producción literaria son sus novelas, que no siguen los cánones del género y, a veces, son difíciles de separar de sus ensayos. La acción suele ser muy leve y es sustituida por múltiples situaciones, divagaciones, rasgos de ingenio y de humor, etc. La viuda blanca y negra (1918).

En España puede observarse la influencia de los movimientos de Vanguardia europeos pero hay que destacar el desarrollo de dos ismos puramente hispanos, Ultraísmo y Creacionismo, así como la influencia del Surrealismo.

El Ultraísmo fue un movimiento efímero, pero sirvió para aclimatar las ideas vanguardistas en nuestra literatura. Recoge rasgos de otros movimientos de Vanguardia pero su nombre indica la voluntad de "ir más allá" de los movimientos imperantes. En la línea del antisentimentalismo y deshumanización, incluye los temas del Futurismo: la máquina, el deporte, la velocidad,... La belleza del poema se encuentra en sí mismo y no en su referente. Rechaza temas tradicionales y asuntos con connotaciones literarias, rehuye lo ornamental y busca imágenes nuevas. Sustituye los metros tradicionales por el verso libre. Adquiere gran importancia la metáfora, donde se elimina el nexo lógico entre el término real y el imaginario, se exige la captación a través de la intuición, no de la razón. Destacan Jorge Luis Borges y Guillermo de Torre.
Guillermo de Torre

El Creacionismo fue iniciado por el chileno Vicente Huidobro. Intenta hacer un arte que no imite ni traduzca la realidad: el poeta crea él mismo sus propias realidades. El poema será un objeto autónomo, creación absoluta. "Hacer un poema como la Naturaleza hace un árbol". Se prescinde de lo anecdótico y descriptivo; lo que emociona es el valor de la propia creación. Entre los seguidores de Huidobro figura Juan Larrea y Gerardo Diego.

El Surrealismo no se presenta como una simple renovación estética, sino como una revolución integral. Propugna una liberación total del hombre, de los impulsos reprimidos en el subconsciente (teorías de Freud) por las convenciones sociales o morales. Se trata de liberar el poder creador del hombre sobre todo a través de la poesía: se intenta una escritura automática, realizada sin reflexión, o se acude al collage, ensambladura fortuita de palabras. Pero no se trata de un lenguaje gratuito: el lenguaje no se dirige a la razón, sino que quiere despertar reacciones inconscientes en el receptor. El lector puede no comprender, pero sí experimentar fuertes impactos que modifican su estado de ánimo y suscitar oscuras emociones. La repercusión del Surrealismo en España fue muy importante, sobre todo entre los poetas del 27, aunque no se llegó a la creación inconsciente, ni se practicó la escritura automática. Supuso para nuestros poetas una liberación de la imagen y enriquecimiento del lenguaje poético. Se asiste a una crisis del ideal de "arte puro" y "deshumanización" dominantes en el periodo anterior.

Salvador Dalí. Surrealismo

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